jueves, 22 de octubre de 2009

Entrevista Hernán Crespo

Entrevista Carles Puyol

Entrevista Ingrid Yrribarren


Cómo preguntar y preguntar hasta conseguir la respuesta que estamos buscando.

domingo, 27 de septiembre de 2009

MI PRIMERA CLASE DE SPINNING

por JAIME BAYLY


Estaba estirándome en la cama el domingo en la mañana cuando Sandra me preguntó: ¿por qué no vienes al spinning conmigo? Había dormido bien y me provocaba sudar un poco, así que decidí acompañarla. Ella me advirtió que la clase sería fuerte para un principante como yo, pero me reí en su cara y le dije que sería un paseíllo para mí.

—Tu clasecita de spinning me va a servir de calistenia antes de hacer mi rutina en el gimnasio –le dije, y ella apenas sonrió.

Confiado en mi buena condición física, me puse ropa deportiva y anteojos oscuros y, cargando una botella grande de agua, me dirigí al gimnasio dispuesto a estrenarme en la moda universal del spinning, un ejercicio que miles de mujeres y algunos hombres, subidos en sus bicicletas estáticas y pedaleando frenéticamente al ritmo de una música demencial, practican con una especie de devoción religiosa y celo fanático. Esto lo tenía muy claro antes de subirme a la bicicleta: el spinning no es un ejercicio más, es una secta peligrosa a la que no cualquiera puede pertenecer.

—Si te cansas y no puedes seguir, dejas de pedalear y te bajas de la bicicleta -me dijo Sandra cuando entramos al gimnasio.

—No me hagas reír, por favor- le dije, con una sonrisa arrogante. –Yo he jugado fútbol de chico, corro todos los días, mis piernas están entrenadas, ¿tu crees que no voy a poder montar bicicleta una horita?

El profesor de spinning se llamaba Tony y era un muchacho bajito, musculoso y saltarín, uno de esos gringos perfectamente felices que todavía no se han enterado de que algún día se van a morir. Le entregué mi ticket número 6 y me dijo que jalase mi bicicleta y la colocase en algún lugar frente a él. La maldita bicicleta pesaba una tonelada y no había cómo moverla de allí. Estaba arrastrándome como un condenado para desplazarla cuando alguien me hizo notar que debía levantarla y hacer girar sus rueditas. Fue un buen consejo. Puse la bicicleta detrás de todos, me subí a ella, respiré hondo y tranquilo y eché un vistazo: seis jóvenes mujeres comenzaban a pedalear de espaldas a mí, y todas eran guapas y llevan poca ropa deportiva, especialmente una brasilera que había amanecido ese domingo con la feliz idea de hacer bikini-spinning, lo que me permitía la gozosa contemplación de su cuerpo y parte de su alma.

—Comenzamos bien el spinning- pensé, mirando las piernas estupendas de la brasilera, pedaleando con pleno dominio de la situación.

Tony puso una música lenta tipo Enya para calentar, aplaudió con entusiasmo, gritó frases de aliento que juzgué exageradas e innecesarias y pidió que nos preparásemos para la posición número uno. Como yo, a mis 35 años, sólo conocía una posición para montar bicicleta, seguí pedaleando en mi posición uno (y única).

La música era suave, las chicas estaban lindas, la brasilera montaba bici casi calata, Tony movía el cuello distraído como si fuese bailarín de Ricky Martin y yo, pedaleando seguro y ganador, pensaba: Me está gustando esto del spinning.

Entonces comenzó una canción algo violenta y la cosa se aceleró bastante, pero mantuve todo bajo control. Una música afiebrada invadió el gimnasio, sacudió los gigantescos espejos en los que nos veíamos reflejados, alborotó a Tony y las chicas y nos lanzó a pedalear como enloquecidos.

—Posición dos– gritó Tony, y como no le hice caso y seguí en mi posición única, se bajó de su bicicleta, se acercó a mí con un airecillo condescendiente y me dijo que la posición dos consistía en montar bicicleta sin apoyar las posaderas, es decir casi parado sobre los pedales.

Obedecí sus instrucciones y empecé a pedalear como lo hacían él y las chicas, y a partir de ese momento mi vida cambió dramáticamente y para siempre. Si el personaje de "Conversación en la Catedral" me preguntase: -¿En qué momento se jodió tu vida?, tendría que decirle: –Cuando pasé a la posición dos y pusieron la versión trance de American Pie cantada por Madonna.

Porque así fue: apenas habían pasado diez minutos y ahora yo pedaleaba de pie como si estuviese escalando el Himalaya en bicicleta y mi esmirriado cuerpo de trabajador intelectual empezaba a bañarse en sudor y la gorrita se me caía al piso (y con ella mi orgullo) y Tony el instructor me gritaba que pasase a la posición tres y que pedalease más rápido y yo con la mirada clavada en el reloj sólo tenía un pensamiento acosándome, flagelándome: ¿cuánto falta para que termine esta pesadilla?

Pero el reloj parecía detenido: juro que no se movía. Entretanto, mi corazón saltaba, mis piernas se hamacaban, mi optimismo caía al suelo en forma de sudor y el espejo me devolvía la figura de un hombre que pedaleaba con tanta torpeza como angustia, sabiendo que esa estúpida clase de spinning podía acabar con su vida y sus más dulces ambiciones. Miré a Sandra: sonreía fresquita desde su bicicleta, pedaleando a mil por hora como toda una profesional. Juré que no pararía de pedalear, aunque tuviesen que sacarme muerto. Mi orgullo estaba en juego. No permitiría que Tony y su secta de fanáticas me humillasen. Pasé a la posición tres y empecé a descargar mis últimas energías en esos pedales imposibles. Vi el reloj. Sufrí entonces mi primer mareo: ¡faltaban cuarenta y cinco minutos para terminar, y yo estaba a punto de desfallecer!

—Eso me pasa por no ir a misa –pensé, jadeando como un enfermo terminal–. Voy a morir hoy domingo haciendo spinning.

Pensé que mirar a la brasilera semidesnuda me devolvería los bríos perdidos, así que desvié la mirada hacia ella, pero gruesas gotas de sudor caían sobre mis achinados ojos, nublando mi visibilidad y empañando de paso mis lentes. Casi no podía ver. Mi cara era un asco de sudor, una mueca agónica, la angustia del que siente cerca el final.

Cuando se cumplió la primera media hora, el panorama era poco alentador: no sólo sudaba a chorros, me temblaban las piernas, mi corazón bailaba un mambo taquicárdico y yo no podía ver, sino que además, para agravar las cosas, empecé a toser convulsivamente, una incesante mucosidad comenzó a descender por mis orificios nasales y noté un dolorcillo alarmante en la zona baja posterior, allí donde descansaba mi humanidad en la posición número uno. Dicho de una manera más cruda: me dolía tanto el trasero que ya no podía sentarme y sólo lograba pedalear en las posiciones dos y tres, que desgraciadamente eran las más extenuantes.

Tony cometió entonces un grave error: acallando por un momento sus chillidos de felicidad ciclística, bajó de su máquina, caminó hacia mí y se permitió criticarme (con ánimo seguramente constructivo). Me dijo que debía pedalear más rápido, no apoyarme tanto en mis brazos y encorvar más la espalda para que todo el peso de mi cuerpo recayese sobre mis estragadas piernas.

—Más rápido, más rápido –me gritó, sin advertir que estaba a punto de desmayarme–.

Reconozco que perdí el control y pido disculpas por ello. Tony no merecía que lo mirase con tanto odio empozado y que le mentase la madre mentalmente. Tan turbia y amenazadora fue mi mirada, que se marchó a su posición de líder y dejó de mirarme.

—Si voy a morir haciendo spinning, al menos déjame que muera pedaleando a mi ritmo, gringo malnacido –pensé, y ahora pido disculpas por ello.

Tony se vengó porque puso unas canciones trance violentísimas, vertiginosas –al lado de las cuales las del rapero Eminem parecían baladas de amor– pero yo no me dejé intimidar y, alentado por una mirada afectuosa de Sandra, empecé a dominar las posiciones uno, dos y tres y sentí de pronto el inesperado vigor de un segundo aire. Pensé que lo peor había quedado atrás cuando súbitamente mi pierna izquierda dejó de moverse, se trabó y, por mucho que insistí en seguir pedaleando al ritmo de la música trans, mi cuerpo se enzarzó en un nudo con los pedales porque, maldición, los pasadores de mi zapatilla izquierda se habían enroscado con la bicicleta y mi insistencia por seguir haciendo spinning heroicamente provocó lo que ahora narro con dolor: mis pasadores, mi zapatilla, el pesado armatoste de fierro y yo mismo caímos al suelo húmedo de sudor. Como si nada hubiese pasado, las lindas chicas siguieron pedaleando ensimismadas y sólo Tony se acercó preocupado, me ayudó a levantarme, me dio permiso para tomar agua (juro que me dio permiso para tomar agua: por eso digo que el spinning es una secta peligrosa que quiere apoderarse del mundo) y me preguntó si quería sentarme a descansar.

—No –le dije, empapado en sudor, moqueando, los anteojos empañados, sin una zapatilla–. Voy a seguir hasta el final.

Y así fue. Terminé mi primera clase de spinning sin dejar de pedalear. Orgulloso, bajé de la bicicleta, respiré hondo y sentí que la pesadilla había terminado.

—Ahora suban las piernas encima del timón y estírense –gritó Tony, y yo lo miré con todo el odio del que fui capaz, y luego me estiré malamente sobre ese charco de sudor en el que había perdido mis mejores energías dominicales.

Al salir, Sandra me felicitó y me preguntó si quería hacer unos abdominales. No le respondí. Ha pasado una semana y todavía no le hablo. Tampoco puedo sentarme: por eso escribo estas líneas parado.

jueves, 24 de septiembre de 2009

Entrevista Ñol Solano

La última bala

Desde Suecia e Inglaterra, Nolberto Solano habla por primera vez desde ue la Selección quedara eliminada en la Copa América. No cree en la palabra fracaso y afirma que todo pasa por una carencia de jugadores. Además, defiende ‘a muerte’ el proceso Autuori

Fabricio Torres del Águila


El miércoles 28 de julio tiene apenas dos horas y 13 minutos de existencia y estos números no indicarían nada si no fuera porque el teléfono decidió despertar antes que nosotros, rompiendo con el silencio y la tranquilidad de una sencilla habitación.

Del otro lado de la línea, del otro lado del mundo, pero sobre todo, del otro lado de la mesa que divide a jugadores y periodistas, estaba Nolberto Solano cumpliendo con su palabra. Se había excusado de ser entrevistado en Lima luego de la eliminación en la Copa América. Pidió unos días de calma y reflexión bajo la promesa que la nota se haría de todas maneras.

No se hizo desde Birmingham sino desde Goteborg, puerto ubicado al sur de de Suecia, donde el volante venía realizando la pretemporada con el Aston Villa inglés. “Estos trabajos me van a venir a punto para soportar las exigencias de la Premier League y los partidos de las Eliminatorias”, dijo.

Sin embargo, el diálogo debía cambiar de rumbo. El Siete más famoso sabía que el interés de la nota no era el futuro inmediato con su club sino el pasado reciente con la blanquirroja.

“A todos nos dolió quedar afuera en la Copa. Nosotros, los jugadores, sabíamos que esta era una linda oportunidad –y tal vez única– de lograr algo importante con nuestra Selección. Éramos locales, teníamos el equipo completo y sobre el papel un acceso fácil a segunda ronda. Lamentablemente nos tocó Argentina y ante equipos como estos si no estás al cien por cien se hace difícil”.

A tu juicio, ¿Perú fracasó en la Copa América?
Creo que es exagerado llamarlo fracaso. Fue, sí, una enorme decepción, para la gente y para nosotros mismos. Pero, te repito, pienso que para nuestra realidad no es un fracaso.

¿Qué debemos entender por ansiedad cuando el equipo no gana en Lima?
Si Perú no hace un gol en los primeros veinte minutos los partidos se nos complican. Y en eso el público es igual, ansioso porque el gol llegue pronto. Y el tema pasa porque no tenemos un hombre gol. Claudio (Pizarro) es un gran jugador, pero en el Bayern el goleador es Makkay. Si Claudio tuviera en la selección jugadores como Ballack, Zé Roberto o el mismo holandés, otra sería la historia de la selección.

Y la historia dijo que no llegamos a semifinales
Bastó que el equipo empate con Bolivia para que el ambiente se cargue y empiecen con los titulares ofensivos contra nosotros.


COMO SIEMPRE, LA PRENSA

La pelota sale de Solano hacia la cancha de los periodistas. El dardo ha sido directo. Uno debe confesar su desaliento de iniciar una entrevista hablando, precisamente, del gremio al que pertenece. Pero no hay otra. El tabloide Ajá dijo lo que dijo y después se desdijo, pero ya era tarde. Los futbolistas se atrincheraron y cerraron la boca sin hacer distinción alguna entre medios deportivos y los otros, los que sobreviven gracias al ampay, el escándalo y el morbo.

“De mí han dicho miles de cosas y siempre son los mismos resentidos. Sé quiénes son, los identifico, y ya no hablo más con sus medios. Son esos que se escudan en columnas de chismes, los cobardes de siempre. Pero ya estoy curtido, aunque todo tenga en límite, ¿no?”.

¿Por qué generalizar con los medios?
Igual hacen ustedes. Porque a uno lo ampayan tomando, todos somos borrachos. Siempre generalizan, es lo mismo. No fue fácil la decisión, pero no íbamos a tolerar que digan que llegamos borrachos la concentración.

¿Pero eso fue cierto o no?
No. Nunca me he escapado de una concentración y menos lo voy a hacer ahora.

Siempre se habla que ustedes son descuidados
Mira, cuando estoy de vacaciones me gusta salir y divertirme. Pero en plena competencia no, pues. Además, el grupo se había comprometido en que nos debíamos portar bien. Uno se da cuenta cuando el compañero llega fusilado a la práctica. Una semana antes del partido con Uruguay hicimos una parrilla en mi casa, con vino y cervezas, y ahí, todos nos comprometimos a cuidarnos. Y nadie la cag…, nadie.

Pero aparecen en continuos ampays
Pero, ¿qué creen, que los futbolistas no tomamos? Todo el mundo sabe que tomo, yo nunca he dicho que no. Pero sé cuando hacerla. Si fuera un borracho de primera no estaría tantos años en una liga como la inglesa y de titular.

¿Por qué no recogiste la bandera que firmaron los hinchas?
Porque estaba con fiebre. Me medicaron y me retiré a mi casa.

¿Qué opinas de los insultos de Rebosio hacia los periodistas?
Hummm… Yo no lo hubiera hecho. Por mi carácter, porque sé cómo soy, no hubiera reaccionado así. Pero Miguel es otra persona, tiene su temperamento. No lo justifico pero hay periodistas que, con tal de destruir, no les importa el daño que pueden ocasionar.

Palacios dijo en DT que él estaba seguro que hay periodistas que quieren que la selección fracase. ¿Qué piensas tú?
Sí, claro. Mira, cada vez que perdemos los periodistas de los diarios entrevistan a los mismos destructores de siempre. Por otra parte, esto nunca aparecen cuando ganamos. Entonces, ¿en qué quedamos? ¿hay o no una tendencia a buscar el fracaso?

¿Qué dijo Autuori de todo esto?
Nos dijo: ‘decidan lo que decidan, yo estoy con ustedes’.

La conversación entraba al punto central: el técnico. Sin embargo, el tema Autuori debía esperar. A las 3 y 22 de la madrugada de Lima Ñol cortó la charla. “La seguimos luego. Debo irme a entrenar”. Exactamente, una semana después, el diálogo se retomaría.


CIELO SIN ESTRELLAS

Lo dijo antes del partido con Uruguay, cuando la capa de oscuridad empezaba a cubrir los predios de la Videna. Textual, Ñol señaló que “Perú es un equipo competitivo, sí, pero no un gran equipo. Tenemos buenos jugadores pero no una gran cantidad de buenos jugadores. No estamos al nivel de Brasil y Argentina. Somos un equipo limitado en ese aspecto pero que, en una buena tarde, le puede ganar a cualquiera”.

¿Por qué dijiste eso y por qué nadie hizo eco de esas declaraciones?
Lo dije porque es así, es la verdad. Pero la mayoría de periodistas no analiza. No a-na-li-za. Se quedan en los chismes, si tal salió con ésta, si éste estuvo en aquél lugar; de eso viven. En el Perú vendemos futbolistas a equipos competitivos más o menos cada 4 años. Salvo Jeffry (Farfán), no ha salido nadie más. Y cada vez somos menos los que jugamos afuera.

Así, ni soñar con el Mundial...
No, de ninguna manera. Si yo supiera que no vamos al Mundial ni vendría. Pero mi sueño es ir a un Mundial con Perú y por eso peleo. Hay que ser optimistas. Creo que podemos ir, que tenemos chances de dar un campanazo. Necesitamos la fuerza mental para soportar la presión de un torneo como la Eliminatoria. Que nos va a costar más que a otros, eso lo sabemos perfectamente, pero al parecer no lo sabe el periodismo.

¿Por qué?
Porque, en general, los periodistas crearon un clima, con relación a la Copa América, en el que el plantel no quería ganar la Copa sino que debía hacerlo. Como que era una obligación y no es así. Ante Argentina, con el equipo medio partido, era casi imposible pasar a semifinales.

Entonces, la verdad es una sola...
No tenemos jugadores. No en la medida que la alta competencia exige para pelear los primeros lugares. Duele decirlo pero es así. Y nos exigen más de lo que el equipo puede dar. ¿Quiénes nos exigen? Los periodistas que no ven –o no quieren ver– que el torneo local es pobre y que la base de la selección juega en el Perú. Basta mirar quiénes están afuera, dónde están y cómo andan para ver qué posibilidades tenemos. Ahora salió Farfán pero, ¿quién es el siguiente?

Permítanos una pequeñísima licencia de opinión. Para nosotros, Solano dice la verdad. Y lo hemos escrito acá, en Deporte Total. “Perú es un equipo livianito, que puede ganar pero más veces va a perder...”, fue el comentario que apuntamos cuando el sueño que el trofeo se quede en casa empezaba a evaporarse.

¿Qué te molesta de la prensa?
Que inventen. Dicen: ‘Saviola dice que pasará por encima a Perú’, cuando todos sabemos que un futbolista jamás dirá eso. Que afirmen: ‘Bombardero promete un gol’ y condicionen a la gente con eso. Y, claro, los rumores y chismes de callejón que llegan hasta el mismo Autuoti.


UN TIPO TRABAJADOR

Dicen los que lo conocen íntimamente que Paulo Autuori es un tipo encantador y los periodistas esta definición nos suena a exagerada. En todo caso, poco nos debe importar si el tipo es locuaz y dicharrero con sus íntimos, y parco y arisco con la prensa. Al técnico se le mide, en primer lugar, por los resultados, y en segundo orden, por su trabajo. Empecemos entonces.

“Te digo una cosa con total sinceridad: Paulo es un técnico de primer nivel, similar a los que veo acá en Europa. Trabaja y trabaja bien, casi de la misma manera como se hace en Inglaterra, por ejemplo. Si fuera un vago, una persona sin conocimientos ni preparación, me parecería justo que lo critiquen, pero estoy seguro que Autuori quiere lo mismo que todos los peruanos, llegar a Alemania 2006”.

No puedes negar que ha tenido –sobre todo durante la Copa– decisiones que no hablan bien de un técnico que se supone conoce el medio y a su plantel.
La selección no es balanceada, pues. Acasiete recién aparece, Vílchez está saliendo, Salas es titular hace poco. A eso súmale a compañeros que no son titulares en sus equipos…

Pero la Selección depende de ti, eso es innegable
No sé hasta qué punto eso sea cierto. Lo único que hago es empujar y meter. Ahora meto siempre. Y corro y me tiro al piso. Sé que es mi última bala para ir a un Mundial y por eso, tal vez, tenga más protagonismo. Además, no te olvides que soy uno de los generadores de fútbol; entonces, la cosa también viene por ahí. Pero no me creo más que nadie.

¿Se tiene que quedar o debe irse?
Se tiene que quedar. ¿Por qué se tiene que ir, por qué se tiene que romper el proceso? El árbol está creciendo, pronto va a dar frutos y ya quieren talarlo. Igualito sucedió con Oblitas. Basta de romper procesos.

¿Cómo se siente el grupo con él?
Recontra bien. Nos la jugamos por él. Por eso vamos a festejar los goles con Paulo. Es un tipo que no sale de joda, que en su casa se está quemando la cabeza para ver cómo mejoramos. La gente no se da cuenta que Autuori ha hecho maravillas con lo que tenemos.

¿El tipo parece ser un dictador?
Nada que ver. Él siempre dice que opinemos y nosotros somos los primeros en hblar. Jorge (Soto) le dijo que no se sentía bien de lateral y no hubo problemas, el técnico empezó con Chicho (Salas). Es un pata abierto.

Llevó tres arqueros y solo cuatro delanteros...
Se la jugó, esas cosas pasan. Pero él seguro ha reconocido que aquel fue un error.

Farfán de volante por izquierda, Joge Soto con el perfil que no domina…
Él analiza y ve, si cree que Jefferson le rinde al equipo por ese lado, lo pone. Lo mismo pasó con Jorge que, dicho sea de paso, no jugó mal ante Argentina.

¿Le hace bien a la Selección que el técnico no hable con la prensa?
Paulo tiene personalidad, huevos. No va a ser hipócrita. Él nos ha dicho: ‘si me critican con análisis, no hay drama. Pero se van al sarcasmo, se meten con mi sueldo. Hasta que no sean profesionales, no hablaré más’. Por un lado le exigen más de lo que tenemos, y por el otro, quieren que sea su chochera para tener las ultimitas. Y él no transa.

La final. ¿Qué viene?
Argentina. Y tenemos que ganar. El grupo está fuerte y dispuesto a sacarse la eme por llegar al Mundial. En eso andamos.


(RECUADRO 1)
Unión o argolla

El Chorrillano dijo en DT que, pese a que no todos estaban de acuerdo en la cura de silencio, adoptaron la medida para demostrar que esta vez el grupo sí estaba unido.
Así es. El grupo, pese a que habían discrepancias, entendió que primero estábamos todos y por eso se optó, en conjunto, de no declarar más. Fue una muestra de solidaridad y de unión.

¿Por qué se habla que Solano divide el grupo? Que ni Pizarro ni el mismo Palacios te quieren.
Jeje, eso es lo que vende, pues. ¿Quiénes son los peces grandes de la Selección? ¿Acaso ponen que Acasiete se peleó con Vílchez? Y, ojo, con todo mi respeto hacia estos dos compañeros. Pero no, pues, ellos no venden. Son puras tonterías.


(RECUADRO 2)
COMISIÓN & DIRIGENTES

¿Cómo es la relación entre ustedes y los dirigentes?
Yo lo he dicho en una oportunidad: el Perú es el único país donde los dirigentes se meten y hablan a diario, de táctica, rendimiento, etcétera. Los bucan y les jalan la lengua. El dirigente está para que al plantel no le falte nada, para arreglar los viajes y los premios.

Personalmente, ¿le ves utilidad a una Comisión?
No sé si en Argentina o en Chile o Paraguay haya una Comisión así; parece que somos los únicos. Para mí debería existir el presidente de la Federación y un Director General de Fútbol con quién arreglemos todo. El resto, chau.

Entrevista Gisela Valcárcel

PUBLICACION:Revista Somos
FECHA :14/08/1999
EDICION :SED
SECCION :Entrevista
PAGINA :S26
FUENTE :BETO ORTIZ

TITULAR :Gisela Valcárcel

Retroceder nunca, rendirse jamás (II)

Por BETO ORTIZ

Está más guapa y menos sobrada. Más reposada y aunque parezca mentira, más contenta con su divorcio de lo que jamás estuvo con su matrimonio. Y pese al cargamontón, está estrenando una inusitada habilidad para reírse del qué dirán. Luego de un saludable silencio, regresa con nuevos proyectos: está preparando El submarino, una obra con Guillermo Dávila y Cattone. Y después, quiere convertirse en la versión nacional de la periodista Barbara Walters. Nada menos. Por lo pronto, está aquí para hacer lo que mejor le sale: hablar. Y habla de todo. Del escriba Vidal y de cómo el cuerazo de Viviana Rivasplata pronto tendrá que lustrarle los chimpunes al travieso Robert. ¿Tras cuernos, palos? Relájense bambis, que esta chica de La Victoria sí que sabe usar los puños.

¿De qué color es tu pelo?
Castaño oscuro.

¿Lo volverías a su color natural?
No, porque tengo facciones muy fuertes, el rubio me las suaviza un poco, además me encanta ser rubia. Me quedo rubia.

¿Qué es lo peor que han dicho de ti en los diarios?
En la época de Confidencial me convirtieron hasta en narcotraficante. Han seguido a mi hija a la salida del colegio, desde que amanece el día hay una cámara en la puerta de mi casa y digo qué pasó, qué hice hoy. ¿Estoy embarazada? ¿Estoy siéndole infiel a alguien? ¿Tengo un galán español?, ¿Me caso mañana con Bruno Cavassa? ¡Tengo que leer los periódicos para enterarme qué está ocurriendo en mi vida!

Pero algunos ya te han agarrado de punto, de punching-bag. Y ya les gustó.
Sí. Lo que no saben es que a mí no me han dañado todavía, no me han tocado las fibras más íntimas, o de repente ya no las tengo. Tampoco me voy a pasar la vida desmintiendo y rectificando todo lo se les ocurra decir en los diarios. Hay gente que es tan patética que cree que la vida que vive Roberto ahora me puede afectar a mí, que refregándome que lo vieron aquí o allá con Viviana Rivasplata, yo voy a sufrir. ¡Roberto ya no me duele nada!

¿Seguro?
¡Es historia! Y se han creído el cuento de que soy la pobrecita de la pantalla a la que le caen todas las desgracias juntas. Dicen que él me pidió el divorcio, eso es una mentira, fui yo quien se lo pidió. Murió la flor, señores. Los periódicos dicen "no quiere hablar de esto, se niega a responder lo otro..." ¡Y ni siquiera me lo preguntan! Yo respondo a todas las preguntas.

¿Todas?
Seguro. Si me hacen una pregunta demasiado comprometedora, respondo: eso es algo muy íntimo.

A ver, hagamos la prueba: ¿Estás enamorada de nuevo?
Eso es algo muy íntimo.

No vale.
Lo que te puedo decir es que estoy en mi mejor momento.

Los diarios te están casando con Bruno.
¿Ya me están casando? Bueno, espérense un poquito, no me puedo casar hasta que no salga mi divorcio.

¿Vas a celebrar cuando salga?
Celebré el día que fui al juzgado a ratificar mi decisión, ese día hice una reunión en mi casa, fue toda una celebración.

¿Sigues durmiendo en la misma cama?
Nooooo, de ninguna manera. La cama hay que cambiarla. Pensé que esa cama ya no era mía, así que me compré una nueva.

¿Más chica?
No, ¡mucho más grande!

Suenas chocha con el cambio.
¡Sí! Este ha sido mi año espectacular porque decidí mi separación. El primero de enero lo pasé con Roberto a pedido de él, de los tres años de matrimonio era el primero que pasábamos juntos. Me pidió esta última oportunidad de reunirnos y me dijo que si hasta el día 3 nos arreglábamos, volvíamos a juntarnos. Yo decidí darle un último chance a mi matrimonio, pero a las 3 de la mañana del 1 de enero me dije: no va más.

¿En qué momento de esos 3 años decidiste que ese matrimonio no funcionaba?
Estuvimos juntos todo ese tiempo pero empecé a separarme...

¿El día que te casaste?
Mmmm... va a sonar muy mal, pero... creo que... sí. Todo empezó como raro, como mal. Hemos tenido momentos espectaculares, como cualquier matrimonio, pero de repente entendimos que no éramos el uno para el otro.

¿Volverías a decir que los hombres son como el papel higiénico, se usan y se botan?
No. Eso estuvo muy vulgar. Los hombres son seres absolutamente distintos a nosotras pero con los que, después de todo, se puede negociar.

¡¿Negociar?!
Sí. Con algunos se puede, con otros tienes que llamar a un abogado para decirles: "no negocio más contigo".

Suena muy desolador.
Pero es la verdad, ¿no? Yo negocio contigo porque te amo. Vamos a negociar el que hoy yo vea tu partido y el que tú mañana me dejes ver a Mónica Zevallos.

A eso se reduce el matrimonio.
Yo creo que sí.

¿Nunca pensaste que aquella boda con efectos especiales fue un exceso?
Hice una fiesta como los demás querían, pero esa no era mi fiesta. Yo, al principio, hice una lista de 200 personas.

Algo franciscano...
Quería algo íntimo, pero luego vinieron y me dijeron no, así no se pueden casar, necesitan por lo menos 2000 personas.

¿Y dónde está escrito que la gente conocida tiene que invitar a 2000 personas? ¿Quién te lo ordena?
Nadie, pero me decían tu público se va a decepcionar.

Al diablo con el público, entonces.
Eso pienso ahora, pero entonces era distinto. Tuve que bancarme una ceremonia en la que sí, estaba la gente que quería, que era la minoría, pero también una multitud de gente que ni conocía y que me besuqueaba por todas partes, en las mejillas, en el cuello, horrible.

Sin embargo, ¿ te volverías a casar?
No así. Invitaría a 40 personas a algún lugar fuera de Lima para luego decirles, ¿saben para qué están aquí? Bueno, esta personita que está acá se tiene que poner terno y usted, padre César... ¡póngase la sotana y vuélvame a casar!

¿Y en esos 40 invitados estás considerando a la familia de él?
Sí.

¿Y a sus amigos? ¿Tienen amigos comunes?
Supongo que tendremos amigos comunes. Eso espero.

Casi caes.
Ja, ja, ja. Casi, casi. Sé por dónde vas.

A la luz de los años, entonces, reconoces que aquello fue demasiado.
Fue un cuento de hadas. Si no hubiera sido un cuento no hubiera tenido final.

¿Cuento como ilusión, como invento, como mentira?
Todo eso junto. Mi matrimonio fue un cuento. Y eso ponlo, por favor.

Mucha gente se te fue encima cuando opinaste sobre el tema de Tiwinza. Y lo que dijiste resultó profético. El gobierno terminó resolviendo el asunto con la solución que tú habías planteado: regalarles "ese pedacito"... ¿Te molestó mucho que se burlaran de tus opiniones?
No te imaginas cuánto. A mí me afectó mucho no poder responder en el canal, porque no era capaz de faltarle el respeto al señor Hildebrandt. Fueron dos días horribles en los que regresé a mi casa a llorar a mi cama. De impotencia. Es horrible cuando la gente, por ganarte, te quiere refregar cosas tan soberbias como: Yo soy el que sabe, yo soy el que estudió, yo soy el que ha leído. Tú no. Y yo tenía ganas de decir ¿Quién le dio a ese señor el diploma de opinador profesional? ¿No tengo derecho a opinar porque no salí de una universidad?

Te sentiste despreciada.
Horriblemente. Fue algo muy perverso. Y lo que más me hacía hervir la sangre eran esas ínfulas de titularato...¡alucinantes! Un titularato que, además, nadie sabe de dónde sacó. Si tienen título de algo, me alegro, pero eso no les da derecho a menospreciar a nadie. Todo lo que has peleado en la vida merece respeto.

Hablando de pelear, tú has dicho que prefieres negociar, pero que vienes de un barrio en el que o peleas o te matan.
Sí. Lo he dicho y lo repito. Cuando yo era chica mi mamá nos ponía un colchón en el suelo para enseñarnos a pelear.

¿En serio?
Todos los sábados. Eramos cuatro mujeres. En el barrio, todos decían "oye, no te metas con Gisela porque su vieja le enseña a pelear tipo karate". Me enseñó que si alguna vez alguien me pone un dedo encima, yo tengo que apretar los dientes y empezar a golpear. Cuando yo tenía siete años, un niñito que se llamaba Lucho Palacios me puso cabe y me dio de patadas y llegué a mi casa con mi mochila, llorando a mares. Mi mamá me preguntó qué me pasaba. "Mamá, Luchito me ha pegado, ayúdame". Y mi mamá me dijo: "¿Qué cosa? ¿Ayúdame? Si tú no bajas en este instante y le pegas, yo te rompo el alma por idiota". Tuve que bajar con mi mamá detrás con el chicote y grité: "¡Lucho, te voy a pegar!" El, por supuesto, soltó la carcajada: "¿Ah, sí? ¡A ver, pues, ven!" Tenía tanto miedo y tanta rabia mezclados que apenas lo tuve delante le saqué la mugre. Nunca más nadie se atrevió a meterse conmigo. Y en el barrio ya sabían que si había que pelear, tenías que llamar a Gisela.

Imagino que no tendrás ganas, pero hablemos de la nueva literatura peruana.
Ay, Dios mío. Bueno, pues, qué remedio. Hablemos.

¿No fue un error responderle a Carlos Vidal?
No. Y hacerle un juicio tampoco.

Pero si no hubieras dicho nada, el escandalito hubiera muerto más rápido todavía.
Pero es que cuando pasó lo del libro, hacía un mes acababa de presentar mis papeles de divorcio y sentí que hubo gente que pensaba: "Gisela está sola, vamos a acabar con ella". Y lo que yo necesitaba en ese instante era decirle a todo el mundo: "A mí no me acaban, porque yo nunca he estado acompañada. Yo he nacido sola. Siempre me he defendido sola. Y sobre todo quise decirle a esa persona que escribió ese librito, lo mismo que le digo ahora: ¡Pobre tonto! ¡Eran nuestros recuerdos! Buenos o malos, ¡pero eran nuestros! Cómo me hubiera gustado poder invitarlo a mi casa y matarnos de risa. Y eso ya nunca más podrá ser. Todo por un estúpido librito.

No lo conozco, pero a juzgar por las cosas que hace y, sobre todo, las que dice, Carlos Vidal no parece precisamente un gran tipo.
Bueno, yo no opinaría mal de él. Es una buena persona, tiene un alma bien blanca, lo que pasa es que le han metido ideas.

Pobre hombre.
Es una persona muy débil, él va para donde va la ola.

No reconocerías que elegiste mal, que fue una lamentable equivocación.
No, no, no. Yo lo quise bastante y supongo que él también a mí. Pero yo le voy a ganar ese juicio. ¿Y qué ganó él? He leído que le pasan cosas terribles, la gente le dice de todo. El tipo que escribió el libro sobre Lady Diana y ganó un millón de dólares, vive recluido en su casa porque la gente lo odia. ¿Y él cuánto ganó? ¿Quinientos soles, mil? Una persona pensante no arriesga tanto por tan poco. Perdió todo. Y va a seguir perdiendo. Me da pena.

¿Volverías a ser su amiga?
No. Que Dios lo bendiga, pero eso sí, cuando yo esté caminando por esta vereda, él tendrá que irse a diez paralelas más allá.

Si ya no estás buscando ni otro Vidal ni otro Martínez, ¿qué estás buscando?
Alguien que no necesite aparentar nada a mi costado, que no necesite decir que tiene un Mercedes del año en la puerta, quiero que venga, no sé, en un Fiat del 79. No es una pose, es la verdad.

¿En qué momento te cansaste de ese esfuerzo permanente por gustar?
Todos los que hacemos televisión queremos gustar. Y llega un momento en que te preguntas, ¿por qué no vivo la vida que a mí me da la gana vivir? Este año, por ejemplo, he caminado por las calles. Te parecerá una tontería, pero es algo que no hacía en mil años. Tenía ese sueño, así de simple, salir a la calle y caminar. Y lo hice, me fui a España y caminé tanto, y pensé: ¡Dios mío, qué poco he vivido!

Te exigías ser estrellita las 24 horas del día.
Me estaba exigiendo gustarle a todo el mundo todo el día. Jamás iba a un lugar público.

Vivías en una burbuja.
En un submarino y, por coincidencia, ese es el nombre de la obra de teatro que vamos a hacer. Yo no me sentía por encima de todo, porque, desde arriba, por lo menos puedes mirar, yo me sentía debajo de todo. No conocía nada. En marzo entré a la discoteca The Edge y estaba tan feliz, tan alucinada...

Te sentías una marciana.
¡Sí! ¡Me di cuenta de que ni siquiera sabía bailar! ¡Me había quedado congelada en otra época!

¿Hacía cuánto tiempo que no salías a bailar?
Once años.

No puede ser.
La última vez había ido a bailar a una discoteca que en mis tiempos era muy linda: el Percy's. Hace poco regresé y.. ¡olía a pila! Y lo que se bailaba era, ¡olvídate!...

¿La parranda de Panamá?
Ja, ja, ja, ¡casi, casi! La última canción que había bailado en una discoteca había sido Isla para dos ¡Saca tu cuenta! Y cuando me tocaron Lola, de la Charanga Habanera, dije, ¿qué es esto? Me estaba perdiendo de todo sólo porque la gente no me viera. Ahora no me importa, si me quieren ver, que me vean, si me quieren grabar, que me graben.

¿Te ilusiona mucho lo del teatro?
Muchísimo. Hacer una misma obra todos los días y hasta dos veces por día, no va conmigo. Lo estoy haciendo porque el tema es el divorcio, porque el compañero es Guillermo Dávila y porque el director es Oswaldo Cattone. Y fui yo quien pidió hacerlo, la idea se me ocurrió a mí: un día me senté con Guillermo, él venía de un divorcio y yo arrastraba el mío, y empezamos a hablar de quién le lustraba los zapatos a quién. ¡Yo le lustraba los zapatos a Roberto! ¡Y Guillermo los había lustrado también!

¿Los zapatos de Roberto?
Ja, ja, ja. No, pues, los de su ex mujer. Me pareció increíble que él fuera capaz de hablar de eso, porque los hombres no hablan de eso. Y allí surgió la idea, ¿por qué no hacer una obra sobre la convivencia? Sobre lo que tiene que pasar para que al principio, cuando se pierde el control remoto, él venga todo amoroso y te diga: gordi, mami, vamos a buscarlo, ¿ya? Y te dé un besito y que a los dos años eso se convierta en: ¿Dónde mieeerda metiste el control remoto?

Vas a desencadenar una ola de matrimonios entre la gente que lea esta entrevista...
¿Estoy mintiendo? Estoy diciéndote la purita verdad. Por eso la obra que vamos a hacer se llama El submarino, porque comienza diciendo: "El matrimonio es como el submarino, puede flotar, pero fue diseñado para hundirse".

Fue Gisela Valcárcel y otra pastilla para levantar la moral.
Pero es que yo también dije: "no puede ser, Dios mío, qué pena". Pero es así. Lo siento mucho, es un submarino. Te juro que hay escenas que son tan reales que me he reconocido en ellas. Cuando ensayaba los primeros días se me salían las lágrimas.

¿Cuál ha sido el momento más grave de tu vida?
Diciembre de 1997. Yo estaba en mi casa esperando a Roberto. El me había dicho que estaba en Canta con unos amigos y estaba en Máncora con Viviana. Terrible de aceptar. Terrible soportar su llanto de rodillas, que no, que mentira, que no ha sido así. Terrible. Terrible vivir en el engaño. Nadie en este mundo vale tanto la pena como para que tú engañes a la persona que te quiere. Dile la verdad. Dile: ya no te amo. No engañes. Nunca.

¿Consejo de Gise para las casaderas del nuevo milenio?
Nunca te cases con alguien que te besa con los ojos abiertos.

Ent. Rosa Elvira Cartagena

PUBLICACION:Revista Somos
FECHA :28/08/1999
SECCION :Entrevista
FUENTE :BETO ORTIZ

TITULAR : Rosa Elvira Cartagena

ACA NADIE TIENE CORONA

Después de la tempestad, la Miss Perú destituida deja los modales de reina para contarnos todo lo que jamás contó.

Por BETO ORTIZ

En el escándalo de la destitución de la primera Miss Perú negra de la historia se mezclaron la ambición y las mentiras de los unos con los prejuicios de los otros. Es verdad que ella mintió. Pero todo indica que no lo hizo sola. Y aunque ahora, tras lo ocurrido, resulta difícil creerle, decidimos escucharla con atención. Ya sin cámaras ni inquisidores que la ataranten, Rosa Elvira Cartagena se animó a hablar con SOMOS. Y muchas de sus confesiones nos resultaron tan verosímiles como escalofriantes...

¿Juras decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad?
Lo juro.

No te creo.
No importa. Pero escúchame, por lo menos.

¿Cómo sé que no vas a inventar un montón de historias y mañana vas a salir en otro lado a decir todo lo contrario?
He mentido. Pero eso no significa que esté loca y necesite psicólogo. Si he mentido ha sido por algo. No he mentido sola.

En boca del mentiroso lo cierto se hace dudoso decía mi abuela.
Todo lo que he dicho ha sido porque he formado parte de una organización que tiene su manera de actuar y si yo estoy dentro tengo que obedecer.

¿Por qué dejaste que te destituyeran de una manera tan humillante?
Yo no sabía nada, Jessica Newton me llamó y me dijo "trae mi corona y el traje típico". Yo le pregunté "qué vas a decir" y me dijo "no te preocupes, vas a seguir siendo Miss Perú". Me citó a la conferencia y allí, delante de todos, dijo que yo pasaba al segundo puesto y que Wendy era la nueva Miss Perú.

¿No te explicó nada?
No. Me hizo firmar una carta en la que decía que yo ya no era Miss Perú. La carta la firmaba también ella, Wendy, el maquillador Carlos Cacho y el señor Rafael Gómez.

¿Quién es Rafael Gómez?
El novio de Jessica. Trabaja como gerente de marketing en el Jockey Plaza y se encarga de conseguirle clientes para todos sus eventos.

¿Y cómo fue el momento en que Jessica te dijo "ya no eres Miss Perú"?
Raro fue. Sentí una cosa aquí en el estómago, muy fuerte. Me quedé destrozada, me la pasé viendo dibujos, pensé soy ese perrito Rocco de Nickelodeon, el perrito de la mala suerte. Me corté el cabello. Me acuerdo que justo cuando estábamos en la peluquería llegaron Jessica y Wendy.

¿Quién es Wendy? ¿La usurpadora?
Ja,ja,ja. Sí, ella. Se estaban poniendo pericas para irse corriendo donde Magaly a seguir con su show. Y Jessica me miró y me dijo: "Ay, Rosa Elvira, qué has hecho, por qué te has cortado el pelo si tú sigues siendo Miss Perú". "Ay, gracias" le dije. "Yo no me he peleado contigo, por si acaso", me dijo. "Yo tampoco, Jessica". Me hizo salir y se encerró conmigo y allá afuera la gente de la peluquería gritaba "viva la reina, salven a la reina".

Como en las películas, ¿no?
A mí se me salían las lágrimas.

¿Por qué será que Jessica Newton eligió el programa de Magaly para presentar a su nueva reina?
Porque cuando Magaly se enteró que todo era mentira, mandó a su productor Ney Guerrero, que es amigo de Jessica, a hablar con ella. Y como ya estaba con roche, a Jessica no le quedó más remedio que pasarse a su bando y crucificarme a mí para salvarse ella.

¿Tanto miedo le tiene?
Le tiene terror. Ya viste lo que pasó el año pasado cuando Magaly mostró los resultados del Miss Perú de Débora de Souza antes de que el concurso terminara. Fue un escándalo. Y ella le tiene terror porque este es su negocio y si hay escándalo los auspiciadores salen disparados, y ella se queda sin la mamadera.

¿Cuánto tiempo después del concurso Miss Ambar regresaste a Lima?
Una semana.
¿Y te fuiste sola?
Hice todas mis cosas sola.

¿Pensaste que si no traías un título nos ibas a defraudar?
No, pero me preocupaba que nadie me apoyara.

¿Jessica nunca se comunicó contigo?
Nunca. Yo la llamé de Santo Domingo para decirle que tenía problemas. Me dijo que si no sabía ganar que me retirara.

¿Qué tipo de problemas tenías?
Tú sabes, era uno de esos eventos en que las chicas tienen que salir con los organizadores, aceptar sus invitaciones...

¿Es frecuente que haya que hacer ese tipo de méritos en los concursos?
Si, eso pasa mucho.

¿Pasaba eso en el Miss Ambar?
Sí.

Pero Grace Sánchez, la chica que estuvo contigo allá lo ha negado.
Ella fue virreina del Miss Ambar el año pasado, no esperarás que me dé la razón.

Es evidente que existe un conflicto personal entre Jessica y tú.
Realmente hasta ahora no sé por qué pasó esto. No pensé que fuera para tanto. Total, personas mucho más importantes que yo mienten todos los días.

Los presidentes mienten, las estadísticas mienten, las religiones mienten, la publicidad miente.
Exacto, ya lo ha dicho Monseñor Cipriani, todos mentimos.

Te absolvió el arzobispo, negra. Te ganaste.
El es un hombre muy inteligente. Se da perfecta cuenta de lo que está pasando y yo le estoy muy agradecida por sus palabras.

Pero, entonces, ya te resignaste.
Eso nunca. No aceptaré jamás que me quiten la corona por una mentira que no fue solamente mía. Yo acaté lo que decía mi organización, Jessica dijo que llamó a mi casa y que mi hermana le había dicho que yo había quedado virreina. Yo nunca llamé para eso sino para avisar que me habían invitado a Bávaro con Grace Sánchez.
Y si necesitaste hacer una pollada para viajar, ¿cómo podías pagarte vacaciones? No inventes, franquéate.
Nos invitaron. Bávaro queda en República Dominicana, no en Europa.

Y entonces, después de tu rico veraneo regresas a Lima e inventas que quedaste segunda cuando no habías quedado ni décima, ¿para qué? ¿La organización necesitaba que regreses con algo para quedar bien?
Por supuesto. Si no, era un pésimo negocio.
¿Negocio? ¿Es negocio ganar un evento tan pichiruchi?
¿Cómo que pichiruchi?

Pichiruchi, torreja, misio, rascuache. ¿Qué hacía nuestra Miss Perú Mundo en ese concursacho con escenografía de papel platina, de circo perejil?
Si a mí me mandan yo tengo que ir, ¿no?

Acá te iban a marketear diciéndole a todo el mundo que era lo máximo haber sido elegida virreina del Miss Jade.
Miss Ambar.

Lo que sea. Entonces llegas acá y te enteras que has quedado virreina.
Sí.
¿Quién te lo dijo?
Lo leí en los diarios.

¿Estuvo en los diarios antes que tú lo dijeras?
Por supuesto.

¿Y de dónde salió la información?
De unas notas de prensa que distribuyó Cecilia Fernández.

¿Quién es Cecilia Fernández?
Es una periodista del diario Ojo que trabaja para D'Elite, la empresa de Jessica Newton. Ella dijo que había llamado a mi casa y que mi hermana le había dicho que yo había quedado virreina.

¿Y para averiguar los resultados no debería haber llamado a República Dominicana?
¿Y tú estás creyendo que van a gastar en llamadas internacionales? ¡Si ni siquiera pagan los 200 dólares que cuesta la inscripción al concurso!

¿Y por qué sales tú a decir que has quedado virreina sabiendo que eso no es verdad?
Porque si me están promocionando con eso, yo les tengo que seguir la cuerda.

Ah, ya. Así funciona la cosa.
Mira, Jessica quería comprar la franquicia del "Miss Ambar" para organizarlo el próximo año en el Perú. Y quería mandar a la candidata Francesca Ratto, pero con ella no era negocio, porque así lo ganara, acá no podía sacarle provecho ni organizar ningún evento rentable porque a ella nadie la conoce. Por eso me mandó a mí.

No termino de entender dónde está el negocio.
Te explico: Jessica llama a las dueñas del Miss Ambar, que son Neri Díaz y Clara Mena, y coordina todo con ellas para que yo gane.

¿Cómo que "coordina"?
Había que pagar quince mil dólares. Jessica les dijo que les podía pagar tres mil y quedaron en volver a conversar. Luego, Jessica me dijo que si quería ganar tenía que ponerme más tetas y más poto porque en ese concurso ganaban las más despachaditas, así que me internaron en una super clínica de cirugía plástica.

Para ganar un concurso bamba, necesitabas un cuerpo bamba.
Ja, ja, ja. Bueno, la cosa es que Jessica llamó al alcalde Alex Kouri y le pidió dos mil dólares para mi operación.

¿Y qué vela tenía Alex Kouri en este entierro?
Ninguna. Lo que pasa es que como yo he sido Miss Callao, ella pensó que a él le podía sacar el financiamiento de la operación.

¿Y Kouri aceptó?
Supongo que no, porque cuando ya estaba internada vino Jessica y me dijo que me fuera a mi casa, que ya no me operaba.

¿Y no te sientes mal de que decidan sobre ti como si fueras un mueble?
¿Cómo no me voy a sentir mal? Lo único que les importó fue hacer billete conmigo, cuando las cosas no les salieron bien, me tiraron la toalla. Jessica decía: "si la negra no gana nada, la pongo de lo que sea porque si no, no vendemos las tarjetas".

¿Qué tarjetas estaba vendiendo?
Unas tarjetas para un almuerzo de bienvenida que me había organizado en Arango Café. Con ese canje y con el auspicio que me daba Prompex del Ministerio de Industria por ser la embajadora del pisco peruano iban a pagar el evento que celebraba el supuesto título.

Qué maravilla. ¿Y todo funciona así? ¿El Miss Mundo también es puro bísnes?
La membresía del Miss Mundo la consigues teniendo un par de buenos contactos y pagando una franquicia anual de cinco mil dólares. Después, llamas a tus amigos peluqueros, diseñadores o cirujanos plásticos, los pones de jurado y te pones de acuerdo con ellos para elegir una chica llamativa que pueda vender un montón de publicidad. Haces el concurso en algún canal, vendes el evento y listo. ¡Negocio redondo! ¡Tu Miss es tu gallinita de los huevos de oro, nada más!

O sea que tu elección también fue arreglada.
Me eligieron porque se dieron cuenta del potencial que yo tenía y porque querían vender todo ese cuento de "democratizar" el Miss Perú.

¿Pero tú no eres la prueba de eso?
Soy la prueba de que eso también es una mentira. Para las cámaras era la soberana, pero siempre me trataron como si fuera la empleada.

Dame un ejemplo de eso.
Mira, la Coca-Cola me contrató para hacer un comercial y le entregó a Jessica cinco mil dólares para que me los diera a mí. Nunca los vi. Para hacer el comercial en Chile le dieron mil dólares más para mi bolsa de viaje, también se los quedó. Llegamos a Santiago, Jessica, su novio y yo. Los de la agencia me habían reservado una suite en el hotel y una habitación simple para ella. Jessica agarró y me dijo: "¡Ay, Rosa, tú estás sola, déjanos la suite a nosotros, no seas mala!", y se la agarraron ella y su novio. Y encima pasó una facturaza de llamadas del teléfono desde la suite como si fueran mías.

¿Y eso demuestra que te veía como su empleada?
No sabes cómo le rogaba a Jessica para que fuera a mi barrio. Pero ella siempre se sobró. Una sola vez estuvo y se asustó cuando vio que mi calle era una pista de tierra, me dijo: "¡yo no sabía que vivías en un sitio así!" Y aceptó servirse un poquito de carapulcra que mi mamá especialmente le había preparado. ¡Como si fuera un gran sacrificio!

Entonces, nadie te va a quitar de la cabeza que hubo discriminación.
Pero no me importa porque no han podido conmigo. He roto los esquemas, todas las misses tienen posición, apellido... yo soy una Cartagena, nací en un pueblo joven, bailé música negra, estuve en la selección de vóley. Mi abuelito trabajaba en la chacra, mi papá es chofer, mi mamá era la cocinera de Belaúnde.

Negra: no me trabajes al sentimiento, ¿quieres?
¡No te estoy trabajando! Es la verdad. Las misses siempre han sido chicas de buenas familias: Zender, Zaza, Calmet...

Newton...
Ay, por favor. ¿Tú crees que si Jessica Newton fuera de la alta sociedad necesitaría vivir de canjes y de auspicios?

¿Y esa telenovela del robo de la corona? ¡Esa sí no te la creo ni a cañones! Tienes que cambiar de libretista con urgencia.
Llegué de viaje, me eché a dormir y dejé mis maletas abajo. Engañaron a mi mamá y se llevaron todo. Fui a la Dinincri y declaré que en las maletas estaba mi corona de Miss Perú y la de virreina de Miss Ambar y que nadie me iba a creer que había ganado. Allí empezó todo.

¿Cómo se te ocurrió decir que la corona costaba cien mil dólares?
Porque llamaron a mi casa de la agencia y cuando se enteraron dijeron ¿de dónde van a sacar cien mil dólares para pagar la corona?

¿Cómo va a costar cien mil dólares una corona de alambre?
No es de alambre, es maciza con piedras.

¿Tú declaras a la prensa lo primero que se te ocurre? ¿No coordinas con nadie?
Estoy sola. Jessica me decía vas a estudiar inglés, vas a tener tu chaperona. Puras promesas.

¿Cómo te las arreglaste para que Fujimori inaugurara tus pistas?
Me invitaron al cumpleaños de Joy Way, y él me preguntó: ¿qué es lo que más quisieras? Yo le dije: que me pongan pistas, y a los dos días ya estaban todas las máquinas de la presidencia haciendo las pistas en mi barrio y todo el mundo sabía que era por mí.

Insisto: ¿cómo hiciste para que el presidente fuera el padrino?
Había puesto mi estrado, mis quioscos, había grupos de música criolla, mucha alegría. En eso pongo las cintitas y ya me iba a buscar al padrecito cuando, de repente, llega todo un alboroto de carros negros con sirenas y yo dije: "¡qué bueno!, ¡es el señor Joy Way!" Se abre la puerta y sale Fujimori. Casi me da un infarto. Me quedé helada.

Montaron bicicleta...
Me regaló su bicicleta. ¡Yo nunca había tenido algo así! La gente del barrio era una fiesta. La gente, tú sabes cómo es la gente, me gritaba...¡la primera dama!...¡la primera dama! Eso sí estuvo feo.

Hubo gente que criticó que te montaras en la bici de Fuji.
Siempre va a haber gente ridícula. Se fijan en estupideces. Si para que a mi barrio le pongan pista tengo que patinar de cabeza con el presidente, lo hago.

Jessica Newton no se habrá puesto medio celosa de que acapares tanta atención de la prensa?
¡Tú no sabes cómo se puso cuando me invitaron a la cena que le ofrecieron a Mahuad en Palacio de Gobierno!

¿Te invitaron?
Por supuesto. Invitación personal e in-trans-fe-ri-ble. Estaba la gente más importante del Perú.

Cuéntame esa fiesta.
Olvídate, Mahuad, que es una bella persona, me saludó muy cariñoso y me dijo que qué pena lo que me había pasado. Fujimori me dijo: "Rosa Elvira, si en dos días no aparecía tu corona, yo mismo hubiera ido a buscarla". Y al día siguiente la llamé feliz a Jessica para contarle y ¿qué crees que me dijo?: "Rosa Elvira, ¿por qué no me has pasado la voz?"

¿Nunca pensaste que te estaban utilizando políticamente?
Mira, yo voy a seguir haciendo obras sociales, me voy a preparar mucho y quiero hacer muchas cosas, cómo me gustaría...

Llegar al Congreso. Dilo nomás, con confianza.
No sé. Quizás estoy hablando zonzeras. Quizás a lo máximo que llegue sea a vender anticuchos en una esquina.

Sería un éxito.
Ja,ja,ja. No seas malo. Voy a salir adelante, vas a ver. Nosotras somos cuatro mujeres. Mi mamá siempre nos advirtió: "el día que alguna de ustedes salga con su domingo siete se va de la casa, ya saben, porque ninguna tiene derecho a hacerle agachar la cabeza a su padre". El tuvo que agachar la cabeza con lo que me está pasando. Comenzaré de nuevo, para que no se avergüenze de mí.

¿Te has dado cuenta de que, aunque tu credibilidad no es de las mejores, todo este embrollo te ha hecho más conocida que la ruda?
Es increíble. Porque pase lo que pase, la gente me adora. Las organizaciones de gente negra de varios países me han enviado cartas de solidaridad.

Dame alguna prueba de que te han marginado por tu color.
Se supone que me han destituído porque no me he sabido comportar como una señorita. Okey, yo te pregunto: el año pasado, cuando estalló el escándalo de que Viviana Rivasplata, que quedó tercera en el Miss Perú, era amante de Roberto Martínez, ¿acaso Jessica le llamó siquiera la atención? ¿Qué me hubiera pasado a mí si me hago amante de un famoso y descubren que me he hecho un aborto? ¡Me fusilan!

Serena morena, por lo menos reconoce que andar con Chibolín...
Si a los demás él les cae mal no es mi problema.

¿Y no es un poco conchudo hacer polladas pro-bolsillo?
A mí me parece muy chistoso que Jessica me critique por haber hecho una actividad pro-fondos de mi viaje cuando ella no pagó nada.

¿Es verdad que le firmaste un autógrafo en la panza a uno de los gladiadores norteamericanos?
Sí, ¿y?

¿Es verdad que has sido jurado de un concurso de strippers?
Por supuesto. En el concurso "Mister Perú", que organiza Jessica, la mitad de los concursantes ¡eran strippers!

¿Es verdad que has sido vista en discotecas gay?
Pero claro que es verdad. Y me he divertido a morir. Y si he conocido las discotecas gay es gracias a Carlos Cacho, que es el maquillador oficial de D'Elite y el mejor amigo de Jessica. Si andar con gays es delito, ¡que nos metan presas a las dos!

¿Y todo esto no demuestra que no te destituyeron por racismo?
Si un negro miente y un blanco miente, ¿a cuál de los dos le cree la gente?